sábado, 6 de enero de 2024

SIQUEIROS COMUNISTA: A 50 AÑOS DE SU PARTIDA.

 

 


Por Camarada Eric

 

Hablar e interesarse sobre la vida y obra de Siqueiros va más allá de su trayectoria como artista multifacético. De hecho, para cualquier revolucionario hoy en día, debería resultar indispensable profundizar en su militancia política y su internacionalismo proletario, una acción y cualidad cada vez menos practicada en estos días.

Regularmente, sus detractores intentan desprestigiar con menosprecio su actuar e ideología política, por eso, siempre les resulta más ameno hablar sólo sobre su pintura mural, en el mejor de los casos; no obstante, al ser ésta dialéctica, inexorablemente nos remite a su política.


El Camarada Siqueiros, comunista, tiene mucho que enseñar tanto a jóvenes como a viejos en cuanto a la aplicación de principios revolucionarios tanto a nivel partidario, como social y de la milicia. Es imposible separar los “distintos Siqueiros” por más que sus opositores y el Estado burgués así se hayan empeñado en hacerlo y busquen por todos los medios y espacios posibles desvincularlo de su línea política comunista, desde el día de su muerte, un día como hoy hace 50 años, el 6 de enero de 1974; para que el pueblo de México olvide que luchó en contra del capitalismo y el imperialismo.

Como fundador y líder del Movimiento Muralista Mexicano, supo guiar y transformar la teoría y la práctica en el ámbito de las artes plásticas, dejando el Muralismo Neo-realista como legado; sin embargo, hoy en día, a más de cien años de su creación, es prácticamente imposible encontrar, en la Historia, un movimiento político parecido en todo el Mundo. Su concepción en cuanto a crear sindicatos de trabajadores del arte ha trascendido, hoy en día, en los primeros indicios de plantarse la creación de sindicatos de trabajadores de la cultura, el arte, entre otros espacios de trabajadores regularmente olvidados y, de los cuáles, cada vez se pierden más derechos sociales y laborales.

 




 “El machete”, creado por Siqueiros junto con Xavier Guerrero, Orozco y Rivera, fue el periódico del Sindicato de Obreros Técnicos Pintores y Escultores, del cual Siqueiros fue su Secretario General; posteriormente se convertiría en el órgano de difusión del Partido Comunista Mexicano mediante el cual se desarrollaba el “Cartículo”, la combinación de un cartel gráfico con una breve redacción o consigna que debía alentar a la organización de los trabajadores.

Para muchos comunistas en México y, a pesar de que no se le ha reconocido lo suficiente, Siqueiros representa una vanguardia política que enseña con el ejemplo en la organización de congresos sindicales y ligas campesinas a nivel nacional e internacional. Por plena convicción, Siqueiros se encargó de combatir en las calles al nazi-fascismo mexicano, en España, Estados Unidos, Sudamérica o en cualquier lugar donde se le requiriese, bajo el liderazgo internacional de la Unión Soviética, la cual hacía lo propio mediante la conquista de la victoria en la Gran Guerra Patria contra la Alemania nazi. 

 


Siqueiros expresa y ejerce la síntesis de una política armada-revolucionaria con características subversivas propias y las cuales, después, dieron paso y continuidad a los movimientos guerrilleros de los años setenta, ochenta y noventa. Desde luego, Siqueiros no fue el creador de ese estilo de tácticas, sin embargo, sí se consolida como uno de los pocos referentes en ejercer y mantener en uso dicha violencia revolucionaria y como enlace y continuador entre la Revolución Mexicana de 1910 y los movimientos armados de fin del Siglo XX, pasando por la Guerra Civil Española y el atentado contra Trotsky. Es decir, en ese aspecto, también se caracterizó por mantener y reivindicar la violencia política como medio de liberación de los pueblos y como medio para contrarrestar a los contrarrevolucionarios y al imperialismo.

Probablemente Siqueiros hubiese destacado más en el aspecto político debido a su condición de organizador nato, si el Partido Comunista Mexicano no hubiese cambiado su rumbo en la acción y sus principios hacia la conciliación entre clases sociales promovida por Lázaro Cárdenas y las constantes prisiones que le tocó vivir debido a la represión del régimen burgués priísta-estadounidense, sustentado en el ejército mexicano y su aparato de inteligencia subordinado a la CIA y el FBI. El hecho es que, aquel, ha sido el periodo dorado de la lucha comunista en México pues, posteriormente, se han consolidado propuestas neoliberales propias de la socialdemocracia y los partidos burgueses.

Cuando se habla de artes plásticas, evidentemente le corresponderá a los artistas estudiarlo, sin embargo, cuando se trata del Arte de la Política o el Arte de la Guerra, también Siqueiros debe estar presente y ser reivindicado con los honores que se merece. Y no se trata aquí de una simple exaltación y apoteosis de Siqueiros, se trata de ser justos en cuanto a los aportes, carácter y manera de afrontar y actuar cuando se trata de la lucha antiimperialista y la organización revolucionaria, a pesar de los múltiples encarcelamientos por disolución social. ¡Y así es, todos los comunistas del mundo queremos la disolución de la sociedad burguesa! Se trata pues, de convicciones, principios y acción. Tener determinación para la lucha. Algo que regularmente se pierde en la lucha social cotidiana. Se trata de tener memoria histórica, conciencia y valor.

 

No me cabe la menor duda de que, toda organización político-revolucionaria, anhelaría con fulgor tener entre sus filas militantes al mismísimo Coronelazo, pues aportaría bastante con ahínco y disciplina en la lucha. Nunca permanecería inactivo ni obsoleto, se aseguraría de cumplir a cabalidad la orden y organizaría al proletariado del campo y la ciudad sin pretextos, sin dificultad ni condición alguna. Afortunadamente, permanecen sus libros, obra pictórica y sus ideas y ejemplo a seguir. Él estuvo siempre en lo cierto al afirmar que “No hay más ruta que la nuestra”: la del proletariado, la de la revolución y la del socialismo-comunismo.

Hoy en día parece que ni el arte ni la política requieren ser revolucionarios, pues el proletariado se mantiene enajenado mediante una política populista y vasalla del imperialismo estadounidense, sin embargo, las crisis económicas y políticas se avecinan de manera monumental con la paulatina caída de EU, y, el proletariado, corre el riesgo de sucumbir a igual magnitud si no se organiza. En ese entonces, tendremos que volver a hacer uso de métodos ortodoxos –más nunca dogmáticos-  y que algunos han considerado caducos. Será allí, cuando la perspectiva dialéctica Siqueiriana-Comunista, podrá dar claridad en la teoría y en la acción.

 


 

Son 50 años de su partida física, 50 años de que nadie nos recuerde y corrija el rumbo con severidad y justeza. 50 años de una política blanda, oportunista, “quedabien” y “simpática”, debido al cambio de era. 50 años que parecen un siglo de olvido de la disciplina comunista y revolucionaria en su óptimo desempeño, salvo algunas honorables excepciones. 50 años en que sólo pocos nos hemos atrevido a defender, sostener, difundir y replicar sus ideas. No obstante, genio de la teoría de las artes plásticas, en tanto pensador político internacionalista, su obra artística fluye y se preserva, abierta a las masas, como él quería.

Quizá cuando se cumpla el centenario de su partida, no habrá ya quién lo recuerde en cuanto a su aporte político, comunista; o quizá sí, y de la forma en que siempre lo ha merecido y él siempre lo buscó: mediante la instauración del socialismo en México.


 



Evitemos la versión folclorista que nos ha vendido el Estado mexicano burgués y la academia nefasta y simplona: la versión que reduce a Siqueiros como un simple pintor que convivió y se desenvolvió de igual a igual con sus compañeros artistas contemporáneos. ¡Eso jamás! Siqueiros, el camarada comunista, siempre fue superior a ellos en absolutamente todos los planos y expresiones, y será deber de todo revolucionario recordarlo y emularlo en la práctica cotidiana y, desde luego, cuando el esplendor de la revolución socialista ruja con orgullo su nombre volcánico.

Ciudad de México, 6 de enero de 2024.

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